Somos una generación enferma.
Somos una generación adicta: a las drogas, legales e ilegales, a las relaciones destructivas, al amor, a las compras, al juego... Somos una generación que nació vendida: a las farmacéuticas, al capitalismo, a la psiquiatría... y que no pudo elegir a los compradores. Somos una generación mutada.
Somos una generación sin derecho a la revolución, ¿pues acaso no vivimos en el mejor sistema posible, o mejor dicho, en el único factible? O al menos eso nos han dicho. La sombra de la sospecha late en nuestros corazones.
Somos una generación condenada al fracaso.
Escribo desde mi cubil, desde mi puesto de observador de escaparates, de maniquíes en movimiento y luces rutilantes que ocultan la vejez, la muerte y la enfermedad. Que ocultan todo lo que no encaja en las imagenes brillantes y falsamente profundas de los anuncios publicitarios.
Somos hijos de los tópicos del club de la lucha.
Estamos a medio camino de todo, pero nos creemos al final. No habrá, sin embargo, apocalipsis que nos salve.
Somos una generación condenada a la soledad. Somos una generación condenada al miedo. Cada vez más gente vive sola, o mejor dicho, aislada. Podemos decir lo que queramos, pero no tenemos nada que decir. Nadie con quien hablar. Los seres humanos no estamos preparados para esta soledad, y el aislamiento nos convierte en seres débiles y manipulables, asustados por unos medios de comunicación que exacerban el morbo de la crónica negra. Sin familia, sin amigos, sin confianza en los demás; no nos miramos a la cara y somos como el animal que se aleja del rebaño y es devorado por los lobos. O que, demasiado asustado por esa posibilidad, acabará dejándose llevar hasta la muerte, como los lemmings, con tal de no salirse del cómodo -y siempre frágil- refugio de la dirección marcada.
No podemos avanzar. No podemos retroceder. Atrapados en nuestra jaula dorada, nos devoramos mutuamente.
Y mi generación se consume. Hablar de una crisis de valores en Occidente es como decir que un cadaver comido por los gusanos está "poco vivo". No estamos concebidos para vivir así, y el consumo de ansilolíticos, de antidepresivos, los suicidios, las enfermedades mentales y físicas crónicas, el estrés, la ansiedad... se multiplican sin cesar.
¡Necesitamos soma ya! Nos veo consumidos, intentando encajar en un sistema ciego y decadente, en una sociedad que se pudre desde dentro, que se rompe en pedazos mientras unos pocos carroñeros se reparten sus entrañas.
Yo me rebelo, aunque mi rebelión sea inútil, contra de todo lo que nos rodea. Me rebelo contra las convenciones sociales e intelectuales, contra las ideas preconcebidas, los paradigmas y los prejuicios. Contra todos los muros que nos aplastan y nos convierten en prisioneros.
Abriré mi camino a través de la pared aunque sea a dentelladas. Aunque deba dejar mi humanidad en el camino. Si esto es lo único a lo que podemos aspirar, bienvenida sea la carne nueva.
Somos la última generación.
Somos la primera.
Sólo es cuestión de elección.
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Hace 5 años

4 comentarios:
Genial, buen cocktel de verdades juntas.
Hay que ir un paso mas allá que mero hecho de ser un espectador consciente de la realidad.
Me gusta el tono de la actualización y el estilo de la redacción. Me gusta el contenido y la web en sí. Os linkeo en mi blog aunque no sea nada reivindicativo y entre dentro de esa sociedad detestable y ese sistema horrible del que se habla en el texto.
¡Saludos!
La rebelión de las anfetas está cerca.
Si el Gobierno de ZP no puede darte una vivienda, este se encargará de subvencionarte los tripis para que veas casas gratis por todas partes :D
Por cierto, quita la verificación de la palabra, coñe XDDD
Bien, diría mas. No creo en los paradigmas ni en las ideas preconcevidas ni en las verdades catastroficas, ni enlas verdaes a medias.
Creo en las contradicciones y quizá seamos una nueva generación...para volver a echarlo todo a perder de nuevo, pero sea como sea apesar de andar hacia una indidable depresión del ser humano, hay otra parte que me niego a olvidar. Soy contradictoria por definición y el burdo tópico de que lo que no nos mata nos hace mas fuertes tiene sentido; esto no es mas que el principio de una fluctuante decadencia de la humanidad, veamos pues a quien echa esta vez las cartas...
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